La Mesta y su auge durante el reinado de Isabel, su ganado y sus perros. Cuándo llegaron los mastines a la península Ibérica, y quiénes pudieron traerlos. Intervención de la reina en favor de la Mesta y sus acuerdos con Aragón. Valedores y opositores de la Mesta.
Antonio Magín Fernández Domínguez
Marzo de 2025
El fuerte respaldo y atención de la reina Isabel la Católica fue fundamental para el gran auge de los mastines. Durante su reinado consiguió que la asociación castellana de ganaderos, conocida como la Mesta, lograse una mayor repercusión de la lana de oveja marina en el mercado extranjero. La Mesta ya ostentaba el más amplio nombre, de Honrado Concejo de la Mesta, que fue de inspiración y concesión real. Por ello, algunos investigadores la llaman Mesta Real. A pesar de ello, hubo otras organizaciones locales de ganaderos (no sólo castellanas) que tenían, a veces, intereses opuestos a los de la Mesta Real, como veremos más adelante.
También veremos estudios basados en la genética sobre los movimientos humanos que afectaron a la península Ibérica antes de los tiempos históricos. Otros, junto con lo aportado por algunos escritores clásicos grecolatinos, indicarán el origen de los perros, en concreto, el de los perros de guarda y defensa del ganado. Accederemos, además, a datos arqueológicos importantes, como las pinturas prehistóricas de la Laja Alta y a datos históricos sobre la Mesta y otras asociaciones de ganaderos.
Las migraciones humanas
El perro, al igual que los humanos, proviene de un ancestro común o de un grupo de ancestros. Los ancestros datan de entre 15.000 a 30.000 años atrás y, desde entonces, los perros se han ido extendiendo a todas las partes del mundo (Parker, Heidi G. et al. 2010; Lindblad-Toh et al. 2005; Savolainen et al. 2002; Vila et al. 1997; Vonholdt et al. 2010). Entre los perros encontramos los de caza y los de gran talla, del tipo de los mastines o similares. Estos podrían realizar las labores de guarda y defensa del ganado en el campo, en los establos o cercados de ganado, así como proteger las viviendas. También serían usados para la guerra y para la caza. De esta forma, incluso hoy hay rehalas de perros de montería que llevan algunos mastines.
Hay que tener en cuenta que hasta hace pocos años no se habían investigado, al menos suficientemente, los restos de perros y otros animales hallados en las excavaciones arqueológicas, aunque esto se ha corregido en las excavaciones y estudios recientes. Los perros de gran talla que se empleaban antiguamente en la península Ibérica ya se sabía que estaban aquí desde la dominación romana. Algunos estudiosos han hallado restos de perros grandes que debieron ser usados para proteger al ganado, al menos, desde la Edad del Hierro. (Ver Vega Toscano, L. G, Cerdeño Serrano, M. L., Córdoba de Oya, B. 1998, pp. 117-135; y González Eguren, V., 2015).
El estudio de las migraciones humanas es útil para entender cómo y cuándo pudieron llegar los perros, y entre ellos los del tipo mastín, a la península Ibérica. Trataremos de cómo se movieron de un lado a otro de Eurasia algunos de sus pobladores. Los estudios recientes, basados en la genética y relacionados con las migraciones, indican que los pobladores de Eurasia (Europa occidental y Lejano Oriente) tuvieron trayectorias opuestas entre 8.000 y 5.000 años atrás. En los comienzos del Neolítico en Europa, entre 8.000 y 7.000 años atrás, aparecieron grupos estrechamente relacionados con agricultores primitivos en Alemania, Hungría y España, diferentes de los cazadores-recolectores de dichos países. Mientras tanto, Rusia estaba habitada por una población de cazadores-recolectores.
Entre 6.000 y 5.000 años atrás, los agricultores de gran parte de Europa tenían más ascendencia de cazadores-recolectores que sus predecesores. Sin embargo, en Rusia, los pastores esteparios Yamnaya descendían, no sólo de los cazadores-recolectores de Europa del Este, sino también de una población con ascendencia del Cercano Oriente.
Hace 4.500 años, los pueblos de la Europa occidental entraron en contacto definitivo con los pueblos de Europa oriental. De esta forma, se comprobó que el 75% de los pueblos de Alemania que usaban la cerámica de cuerdas del Neolítico tardío, provenían de los Yamnaya de Rusia, indicándonos una migración masiva hacia el centro de Europa desde su extremo oriental. Esta ascendencia esteparia persistió en todos los centroeuropeos hasta hace al menos 3.000 años. Hoy en día es omnipresente en los europeos actuales, respaldando un origen estepario de al menos algunas de las lenguas indoeuropeas de Europa.
El análisis genético de los antiguos individuos junto con los euroasiáticos occidentales actuales sugiere que los movimientos de agricultores a lo largo del Mediterráneo hasta España y desde la ruta del Danubio hasta Hungría y Alemania tuvieron un origen común.
Los europeos del Neolítico medio de Alemania, España, Hungría y Suecia del 4.000-3.000 a. C. son un producto intermedio entre los agricultores primitivos y los WHG (Western Hunters Gatherers, es decir, cazadores-recolectores occidentales). De esta forma, nos indica un aumento de la ascendencia de estos últimos en gran parte de Europa. (Ver Haak, W., Lazaridis, I., Patterson, N., Rohland, N., Mallick, s. & Alii... 2015)
Los barcos de la Laja Alta
Los pueblos vinieron de oriente hasta nuestra península y, concretamente, hasta Andalucía. Más adelante, llegaron navegando por el Mediterráneo, mucho antes de que lo hicieran los fenicios y los griegos, como muestran las pinturas de naves de remo y vela del refugio de La Laja Alta, cerca de Jimena de la Frontera, que se conocen desde 1978, y recientemente han sido datados como del IV al III milenio a. C. (Morgado Rodríguez, Antonio, y García Alfonso, E. et al. 2018 y 2021) Ver parte del texto de estos autores (P. 241), y para más fácil lectura, sin las citas:
“La importancia cultural de Laja Alta se ve reforzada por su ubicación en la ruta natural terrestre que une ambas vertientes costeras [la atlántica y la mediterránea], perpetuada por una cañada ganadera histórica, que remonta el valle del Guadiaro y conecta con la cuenca del río Barbate, para llegar a la zona de La Janda” … (Final en p. 261) “Podemos concluir que el Mediterráneo fue el primer laboratorio para el desarrollo definitivo de la navegación a larga distancia con la propulsión a vela. Este sistema sería un elemento crucial para facilitar la interacción y la intensificación de las redes entre diferentes sociedades prehistóricas a partir del IV-IlI milenios a.C. Por último, este periodo es un tiempo de continuidad, pero también de cambio en la Prehistoria mediterránea. A partir de estos momentos, una nueva dinámica sociocultural se produce en el Mediterráneo occidental que afecta especialmente al sur peninsular, como lo muestra la emergencia de los asentamientos fortificados con murallas de piedra, el arranque y difusión de la metalurgia, así como la distribución de objetos metálicos y la aparición de objetos exóticos como los realizados en marfil y quizás algunas representaciones simbólicas. Por lo tanto, en este contexto de continuidades, cambios e interacción social, Laja Alta muestra de manera indirecta una de estas vías de contactos a larga distancia.”
Las pinturas de barcos del refugio de La Laja Alta. Ilustración publicada en la revista “AN Andalucía en la historia”, de julio de 2021, en el artículo de Morgado Rodríguez, A. & García Alfonso, E.: Los primeros veleros de Europa occidental. Los barcos de La Laja Alta (Jimena de la Frontera).
Los barcos de las pinturas de la Laja Alta no eran grandes. Navegaban a remo, o a remo y vela. En los barcos que usaban vela se ve que estaba soportada por tres palos formando triángulos con el vértice arriba y sobre el eje central de la nave; un palo con su base a babor, otro con su base a estribor y un tercero al centro para aguantar las presiones de la vela con vientos de popa.
Con estos rudimentarios medios navegaron por las costas del Mediterráneo hasta la vertiente sur del Atlántico en Andalucía. Y seguramente pudieran sólo pasar el Estrecho de Gibraltar de levante a poniente y con viento del este favorable o con la mar en calma, circunstancias que solo se suelen dar desde la primavera al otoño.
Estas naves también comunicarían la punta sur de la península Ibérica con el bien visible y cercano norte de África.
La cronología de estas pinturas se acerca a la de los más grandes y conocidos megalitos andaluces y portugueses: la Cueva de Menga, la de Viera y el Tholos del Romeral, en Antequera, Málaga; el Dolmen de Soto en la provincia de Huelva; y el Anta Grande do Zambujeiro de Valverde, a unos 10 km al oeste de Évora en Portugal.
Orígenes de los perros
Un estudio reciente (Frantz, Laurent A. F., et al… Science, año 2016, 352, pp.1228 –1231) sugiere la posibilidad de que dos poblaciones de lobos, genéticamente diferentes y potencialmente extintas en Eurasia oriental y occidental, pudieron haber sido independientemente domesticadas antes de la llegada de la agricultura sedentaria. La población de perros orientales se dispararía posteriormente hacia Europa occidental junto con los migradores humanos, entre 6.400 y 14.000 años atrás, lo cual reemplazaría parcialmente a una población de perros paleolíticos autóctonos. Esta hipótesis concilia estudios previos que han sugerido que los perros domésticos se originaron en Asia oriental (Savolainen, P., et al., T. Science. 298, 1610 – 3, año 2002; & Wang G. D. et al., Cell Research. 26, 21– 33, año 2016) y en Europa (Thalmann, O., & al. Science, 15 Nov 2013, Vol 342, pp. 871– 874). Otra hipótesis sería que las especies animales individuales fueron domesticadas sólo una vez, pero los resultados genéticos y arqueológicos presentados en el citado trabajo sugieren que los perros pudieron haber partido de lobos domesticados, al menos, dos veces. Aunque, dada la complejidad de la historia evolutiva de los perros, este asunto sigue aún sin estar confirmado.
En el futuro, las secuencias genómicas derivadas de los antiguos perros y lobos euroasiáticos proporcionarán seguramente los medios necesarios para evaluar si la domesticación de los perros ocurrió una o más de una vez.
En concordancia, se opina recientemente que los datos genómicos, tanto modernos como antiguos, coinciden con un único origen, aunque sigue siendo posible un escenario que afecte a múltiples poblaciones de lobos estrechamente relacionadas. También se asume que el origen geográfico de los perros sigue siendo desconocido, y que en última instancia será necesario integrar los ADN de perros y lobos, incluso los más antiguos que los analizados hasta ahora, con la arqueología, antropología, etología y otras disciplinas para determinar dónde y en qué contexto ambiental y cultural se originaron los primeros perros. (Bergström, Anders & Alii. Origins and Genetic Legacy of Prehistoric Dogs. Science. 2020).
Cuándo y cómo llegaron los mastines o sus antecesores a la península Ibérica y quiénes los utilizaban
Los mastines alcanzaron gran notoriedad y expansión con las asociaciones de ganaderos como la Mesta. Estos perros eran, y son hoy día en muchos casos, los más grandes y los mejores para defender los rebaños contra los lobos y los ladrones. Algunos estudiosos han hallado restos de perros de gran talla (como los mastines) que debieron ser usados para proteger al ganado desde, al menos, la Edad del Hierro. (Ver Vega Toscano, L. G, Cerdeño Serrano, M. L., Córdoba de Oya, B. 1998, pp. 117-135; y González Eguren, V., 2015).
Aparecen perros de ese tipo (Molosos) en los antiguos textos griegos y latinos, como en la Investigación sobre los animales, del filósofo griego Aristóteles (c.347 a.C.) Libro IX:
“Por ejemplo, las perras de Laconia son mejores que los machos. De las variedades de caza, los perros que se crían en el país de los Molosos, no se distinguen en nada de la de los demás países, pero los que acompañan a las ovejas destacan por su mayor tamaño y por su valentía contra las fieras.”
“El cruce de estas dos razas, es decir, el de los perros Molosos y los de Laconia, produce perros notables por su valentía y dedicación.”
También, aunque con alguna duda de ciertos historiadores, lo encontramos en la Historia Natural del romano Cayo Plinio Segundo, aunque con dudas de los historiadores sobre su veracidad. (23 d. C. – 79 d. C.) conocido como Plinio el Viejo. En el Libro VIII, Capítulo 61. Que se titula “Cualidades del perro ; ejemplos del amor por su dueño; naciones que han tenido perros para la guerra.”:
“Cuando Alejandro Magno se dirigía a la India, el rey de Albania le obsequió un perro de tamaño muy grande; a Alejandro le gustó su apariencia y ordenó que le soltaran osos, luego jabalíes y finalmente ciervas, pero el perro yacía desdeñosamente inmóvil. Esta desidia por parte de un animal tan enorme molestó al espíritu generoso del emperador, que ordenó su muerte.
Le llegaron informes de esto al rey, quien envió un segundo perro, advirtiendo a Alejandro de no insistir en probarlo con caza fácil, sino con un león o un elefante, y le dijo que sólo había tenido dos perros de esa sangre y que si este fuese muerto no quedaría ninguno. Alejandro no pospuso el juicio e inmediatamente vio como el perro mató a un león. Después ordenó que le trajeran un elefante y ningún otro espectáculo le produjo tanto placer. El pelo del perro se erizó por todo su cuerpo y primero dio un ladrido atronador, luego siguió saltando y alzándose contra las extremidades de la criatura de un lado a otro, en un combate inteligente, atacando y retirándose en los momentos precisos, hasta que el elefante, girando y girando en un torbellino incesante, cayó al suelo con un estrépito que hizo temblar la tierra.”
El perro de Alejandro Magno luchando con un elefante y un león. Grabado del flamenco Jan van der Straet (1523-1571), conocido como Stradanus, relacionado con la Historia Natural de Plinio el Viejo (Libro VIII, cap. 61).
Recordemos que Alejandro Magno y Aristóteles eran coetáneos y que Molosia era la misma zona del Epiro que Albania en Grecia. Y que Albania fue su nombre posterior. Ahora esa antigua zona griega está compartida con la Albania actual.
La madre de Alejandro Magno era de Molosia. Se llamó Polixena de soltera, pero cambió su nombre a Myrtale cuando se casó con Filipo II, padre de Alejandro Magno. Más tarde cambió de nuevo a Olimpia cuando Filipo II ganó la batalla de ese nombre, el mismo día en que nació Alejandro Magno a mediados del año 356 a. C.
Alejandro Magno tuvo un perro llamado Péritas según Plutarco (único autor que menciona su nombre). Probablemente era el perro de Molosia que describió Plinio, regalo de su tío Alejandro I de Epiro apodado el Moloso. Plutarco, que narra la campaña de Alejandro en Asia, dice que Péritas murió después de ser herido defendiendo a su amo en la India. Esto sucedió en el año 326 a.C. y lo nombró justo después de describir la pérdida del famoso caballo de Alejandro llamado Bucéfalo. Alejandro fundó dos ciudades, una con el nombre de Bucéfalo y otra con el de Péritas. Ver Plutarco (c. 46 al 50 d. C. – 120 d. C.). Vidas Paralelas VI. Alejandro-César:
“Se cuenta asimismo que, habiendo perdido también un perro llamado Péritas, al que había criado y amaba mucho, fundó otra ciudad con su nombre. Soción escribe que así se lo oyó decir a Potamón, de Lesbos”.
El poeta Publio Virgilio Marón (70 a.C.-19 a.C.), en la tercera parte de sus Geórgicas (publicadas en el 29 a. C.) comenta las principales prestaciones de los perros en las haciendas rurales, los Molosos (perros de guarda y pastoreo) y los Espartanos o Laconios (perros de caza):
“Que no sean tu última preocupación los perros, pues a los veloces cachorros de Esparta y a los fieros Molosos has de alimentarlos con abundante suero de leche. Ellos impedirán los robos guardando tus establos de noche, y los ataques de los lobos, y que te cojan desprevenido los errantes íberos. A menudo cazarás a los tímidos onagros [antiguos asnos salvajes], y a las liebres y a los corzos con tus perros de caza, que ladrándoles también harán salir muchas veces a los jabalíes de sus encames, y con ellos, por los altos montes y con gran clamor, empujarás a los aturdidos ciervos hasta tus redes.”
Los Molosos fueron famosos por su tamaño y fuerza entre los griegos y los pueblos bajo la dominación romana. Estos fueron utilizados como perros de guarda tanto del ganado como de mansiones, y también, en la guerra.
Los mencionaron otros escritores, como los comediógrafos Tito Maccio Plauto, romano (254 a.C. – 184 a.C.), y el griego Aristofanes (c. 446 – c. 386 BC). Los poetas latinos Gracio Falisco (63 b.C. – 14 d.C.), Quinto Horacio Flaco (65 a.C.– 8 a.C.), Tito Lucrecio Caro (c. 99 a.C. – c. 55 a.C.), Marco Aurelio Nemesiano (c. 200 d. C. – c. 300 d. C.), nacido en Cartago, Publio Papinio Estacio (c. 45 d. C.- 96 d.C.) y Publio Ovidio Nasón (43 a.C. – 17 d.C.), el griego Opiano de Apamea que vivió en el segundo siglo d. C. y los españoles Marco Anneo Lucano (39 d.C. – 65 d.C.) nacido en Córdoba, y Marco Valerio Marcial (c. 40 d.C. – 104 d.C.), nacido en Bilbilis, cerca de Calatayud. Y el filósofo cordobés Lucio Anneo Séneca (4 a.C.– 65 d.C.).
La figura, que está en el Museo Británico, es de mármol y representa a un Moloso. El bronce original del que se copió y que probablemente formaba parte de un monumento cívico, era del Epiro en el noroeste de Grecia, distrito que fue expoliado por Roma en el 168 a.C.).
Cómo pudieron llegar aquí los perros ganaderos y desde dónde
Los antecesores de los perros para la defensa y guarda del ganado, como son los mastines actuales, pudieron venir desde Asia, bien porque los usaban los pueblos que aquí emigraron, o bien mediante trueques comerciales. Lo harían a través de rutas terrestres, probablemente siguiendo vías muy conocidas de emigración, como las márgenes del Danubio hasta llegar a Centroeuropa, y luego seguirían hacia el sur; o bien viajarían a lo largo de los países de la costa norte del Mediterráneo, es decir, a través de las actuales Turquía, Grecia, Albania, Montenegro, Croacia y la brevísima costa de Bosnia, Eslovenia, Italia y Francia hasta alcanzar la península Ibérica.
Perros que comparten las características y funciones del mastín pudieron aparecer independientemente en varios puntos de Eurasia, o incluso hacer el viaje Asia-Europa tanto al derecho como al revés. Estudios científicos recientes muestran que los perros de vigilancia y defensa del ganado (llamados LGD abreviatura de Livestock Guarding Dogs), como lo son los mastines, pudieron surgir en varios lugares distintos debido al aislamiento genético en que estaban los perros originarios y a las idénticas condiciones de trabajo de estos, incluida la trashumancia. De ahí la relación genética de los mastines con otros perros para la vigilancia y defensa del ganado, tanto europeos como asiáticos. (Ver Coutinho-Lima, D. et al. 2024). Aunque pudo deberse también a una emigración de pueblos con sus perros desde Europa a Asia, ya que el agropastoralismo originado en Eurasia occidental alcanzó progresivamente la Eurasia oriental, donde los perros occidentales se fueron hibridando con los perros autóctonos del este y los perros resultantes se extendieron progresiva y ampliamente por la meseta tibetana (Peng, MS., Liu, YH., Shen, QK. et al. 2023; y también Coutinho-Lima D, et al. 2024).
Foto de un mastín actual cuidando de un rebaño de ovejas y cabras.
El resultado de todo esto es que, como ya había dicho bastante antes José Antonio Valverde, los perros, y en concreto los del tipo mastín, han ejercido la defensa del ganado en la muy amplia franja que alcanza desde el lejano Himalaya al este, hasta el vecino Portugal. (Valverde, J.A. y Teruelo, S., 2001, p.311).
Usos de los mastines y diversos tipos de ellos en la península Ibérica
Por su gran tamaño y su fuerte instinto protector, los mastines fueron utilizados principalmente para guardar al ganado de ladrones y depredadores, y entre estos, muy especialmente de los lobos, aunque a veces también para guardar viviendas y otras propiedades. (1)
Las razas de estos perros reconocidas por la FCI en nuestra península son: el mastín español (seleccionado a base de mastines leoneses), el mastín de los Pirineos, de origen alto aragonés, y los portugueses Cão da Serra da Estrela, Cão do Castro Laboreiro, Rafeiro alentejano y Cão de Gado Trasmontano.
De algunas de las razas portuguesas citadas existían ejemplares de más o menos pureza racial, además de cruces de ellos con otros perros en el lado español más cercano a la frontera, como la provincia de Zamora, igual que hubo también en esas zonas cruces de mastines españoles con otros perros, al parecer, con el objeto de hacerlos más ligeros y móviles, pero manteniendo su talla y empaque. Sobre esto trata González Eguren (ver publicación de este autor en 2015) que dice:
“Los perros de ganado (cães de gado) portugueses tienen su equivalente en los perros que se emplean en las comarcas zamoranas de Sanabria, Carballeda y Aliste. En esta zona, para la protección de los rebaños frente al lobo, no siempre se han empleado mastines de pura raza, sino más bien un cruce de razas que daba lugar a perros de gran talla y fuertes, pero más ligeros y versátiles que los mastines.”
Lobos y mastines
Sobre los lobos y los mastines conviene leer al citado José Antonio Valverde y a Salvador Teruelo en “Los lobos de Morla”, obra en la que, en su primera mitad, nos sitúa Teruelo ante muchas y variadas situaciones en las que los lobos se enfrentan a pastores y mastines, robándoles siempre que pueden cabras u ovejas para alimentarse. Los hechos descritos en los relatos de Teruelo tienen lugar en la llamada Cabrera Alta, provincia de León, en el valle del río Eria, al sur de la Sierra de la Pobladura y del Teleno, y al norte de la Sierra de la Cabrera y de Peña Negra. Es decir, en rebaños del nordeste de nuestro país donde los lobos eran frecuentes.
En la mitad final del libro, encontramos el texto de Valverde con su estudio histórico y técnico sobre la relación entre perros y lobos. Comenta también los más notables textos de caza de nuestro país desde Alfonso XI de Castilla en adelante, destacando todo lo referente a los lobos. Describe las técnicas empleadas, las diferencias y similitudes de los rebaños y del quehacer de los pastores, así como del comportamiento de los lobos según sean los rebaños de ovejas o de cabras. En las páginas 307 a 329 de la primera edición, trata de los mastines, de su origen, de su relación con el lobo, de su trabajo y de sus características.
Al leerle, no debemos olvidar el aval de su gran experiencia como practicante de la caza, estudioso de la biología y de la naturaleza en general, ni que fue activo creador y durante largos años director del Parque Nacional de Doñana.
Conviene también leer, y con buen cuidado, a Fernando de Iranzo, autor del Tratado de montería del siglo XV, publicado por primera vez por el Duque de Almazán, sabiendo que Fernando era hermano del condestable Miguel Lucas de Iranzo. Fue identificado como autor de esta obra por José Antonio Valverde (1996) quien la fechó entre 1456 y 1473 (entre el año en que visitó Enrique IV la ciudad de Ceuta, a donde debió ir acompañado por Fernando de Iranzo y el año en que murió Miguel Lucas de Iranzo que aparecería como aún vivo en el texto).
Conviene leer, además, los clásicos de cinegética como Alfonso XI, Gastón Phoebus, Julián Mateo, Martínez de Espinar, Barahona de Soto, y demás autores que tratan del lobo, llegando hasta los más actuales Covarsí y Alfonso Mariategui, Duque de Almazán.
Los mastines fueron y siguen siendo muy útiles en las labores ganaderas, e incluso son indispensables para la guarda de los rebaños cuando hay lobos en la zona. Por ello son muy cuidados y protegidos por los pastores actuales, como ya lo fueron por los de antaño:
“En la custodia del ganado, los pastores se apoyaban en varios perros mastines, eficaces guardianes contra alimañas y ladrones que poblaron los romances de carlancas y lobas pardas. En reconocimiento a su auxilio laboral, complementado por pequeños careas, los mesteños tomaron buena cuenta para la conservación de esta raza canina. De forma que, aparte de mimar la crianza, se multaba con pena de cinco carneros el hurto de mastín, era obligatorio devolver todo el que se hallase extraviado y darles la misma ración de pan que a los pastores.” (García Martín, P. 1990: 48)
Desde muy antiguo, los rebaños estuvieron generalmente acompañados y protegidos por los mastines, tanto en sus lugares de residencia principal como durante sus viajes, y en sus más o menos lejanos destinos de trashumancia o en los de transterminancia (traslados de corto recorrido a lugares cercanos al origen).
Mastines y careas
Los pastores también fueron ayudados por otros perros llamados careas (de carear que quiere decir pastar) en el cuidado de la ganadería estante o transterminancia, y en otros usos locales desde que se permitió su empleo, ya que son muy útiles para controlar y agrupar a las ovejas, sobre todo en los pastos, y también al recogerlas en los rediles.
En cuanto al tamaño de los mastines, hay que considerar que el estándar original de 1946 contemplaba perros más ligeros que ahora con un máximo de unos 50 kilos. Este estándar fue actualizado en 1981 para recuperar los mastines más grandes empleados antes en la ganadería trashumante, cuando los lobos eran más numerosos y estaban presentes en más regiones de la península.
Sobre la evolución de los mastines, de los careas y su utilización, debemos considerar la gran aportación de Amadeo Alejandre, que llegó a criar cerca de 2000 mastines. Aportación apoyada y continuada en cuanto a ambas razas de perros por Félix García Rodríguez (2), ver como ejemplo su escrito del 2003, y el vídeo online de 2012, y a Luis Esquiró Bolaños (1983, y online 212). Y sobre la lana de las ovejas merinas a Manuel Rodríguez Pascual (2024).
La Mesta
Se cree que la palabra mesta deriva del término mixta (mezclada). Sabemos que los ganaderos se reunían antiguamente en asambleas o concejos a las que llamaron «mestas», y que lo hacían algunas veces al año en distintas localidades con objeto de tratar de los ganados y de su gobierno. También trataban en esas reuniones de distinguir y separar de los rebaños a los animales sin dueño conocido (mestencos) (3), u otros nombres derivados de este como mesteños y mostrencos (ver Carmona Ruiz, M. A., 1998).
La primera Mesta de la que hay constancia es de la que aparece en una reunión con el rey Alfonso X el Sabio en Alcaraz en el año 1266. Algo más tarde, el 2 de septiembre de 1273, en Gualda (Guadalajara), Alfonso X también otorgó un privilegio a un concejo (asociación de ganaderos o mesta) que todos los años se reunía bajo un árbol, el «haya pomposa», cerca de Barbadillo de Herreros (Burgos), y le concedió a este concejo el título de «Honrado». Y por ello fue nombrado desde entonces: Honrado Concejo de la Mesta.
Allí en Gualda se logró la fusión de las partidas de las cuatro mestas generales, León, Soria, Segovia y Cuenca, y el Honrado Concejo se dedicó desde entonces a la protección de ganados y pastores, y fundamentalmente al cuidado de la oveja merina, cuya lana fue luego el principal producto de exportación de Castilla durante la Baja Edad Media y la Edad Moderna.
Según el privilegio de dicho rey dado en la reunión de Gualda, las agrupaciones de pastores y ganaderos se fusionaron en la llamada «Real Sociedad de Ganaderos de la Mesta».
En 1276, en Toledo, Alfonso X concedió otro privilegio señalando penas a todos los que no quisieran venderles pan y alimentos a los pastores de la Mesta. (Para los textos de ambos privilegios, ver Klein, Julius. Los privilegios de la Mesta de 1273 y 1276). Y también les otorgó importantes derechos a los pastores de la Mesta, como la exención del servicio militar y de testificar en juicios.
Casi un siglo después, en 1347, reinando ya Alfonso XI, fue cuando se acordó una reglamentación de la Mesta. (Gómez Urdáñez, J. L. 1983). Y es entonces cuando se logró regular a las agrupaciones de pastores y ganaderos que se habían unido en la «Real sociedad de ganaderos de la Mesta» en 1273 bajo Alfonso X.
Mediante el apoyo real a esta gran sociedad se intentaba evitar conflictos con agricultores y con otros ganaderos, ya que los rebaños de la Mesta tenían que atravesar dos veces al año sus tierras, y ellos podrían alegar (como hicieron frecuentemente) que se producían daños en sus cultivos y se perjudicaban otros derechos. (Ver entre otros, De la Rosa Ferrer, I, 2018 y 2024).
Las cañadas reales y otras vías pecuarias
Para evitar conflictos se trazaron y construyeron importantes vías pecuarias, las llamadas cañadas, muchas de ellas aprovechando antiguas vías romanas, y de ellas algunas se utilizan aún hoy en día.
De todas las cañadas, las preferidas fueron las cañadas reales, y las principales que utilizó la Mesta, fueron:
- La Cañada leonesa, que partía de León, atravesaba Zamora, Salamanca, Béjar para dirigirse a Plasencia, Cáceres, Mérida y Badajoz, con ramificaciones hasta Portugal y Andalucía.
- La Cañada segoviana, que partía de La Rioja con dos ramales, el primero se dirigía al suroeste por Burgos, Palencia, Segovia y Ávila, para unirse en Béjar con la leonesa, y el segundo, partiendo de Cameros, pasaba por Soria, Sigüenza, El Escorial hasta Talavera de la Reina, continuando por un ramal hacia Guadalupe, Almadén y llegando al valle del Guadalquivir.
- La Cañada manchega nacía en Cuenca, pasaba por las llanuras murcianas, atravesando luego La Mancha y parte alta de la cuenca del Guadalquivir.
Ilustración de la fábula “El chico que gritó ¡Lobo!”, “The Boy who Cried Wolf”, titulada por su autor, el pintor y grabador inglés Francis Barlow (1624-1704): De pastoris puero et agricolis. (El Niño pastor y la agricultura). Realizada en 1687.
El auge de la Mesta
Los ganados ovinos castellanos y la Mesta alcanzaron su mayor auge de la mano de la reina Isabel la Católica. En las cortes de Toledo de 1480 se decretó dejar libre el paso de rebaños entre Castilla y Aragón, evidenciando el papel preponderante que los Reyes Católicos darían a la Mesta. Con esto no sólo pretendían proteger el pastoreo, sino también incrementar los ingresos de la corona mediante el arrendamiento y la venta de derechos de pastos. A partir de entonces, el presidente de la Mesta sería el miembro más antiguo del Consejo Real, siendo el primero de ellos don Pedro de Acuña, conde de Buendía.
Además de las cañadas, a veces fácilmente visibles, encontramos aún hoy algunos corrales de ganado, como los que aún se ven en los cerros de Valdepeñas y Santa Cruz de Múdela, que fueron refugio de ganados trashumantes y, en ocasiones, de ganados locales. Al lado de ellos se ven los cimientos de las chozas de pastores, todas de planta circular, con un zócalo de piedra cuarcita de 1 m. de altura aproximadamente. La techumbre se entiende que estaría realizada con ramajes recogidos del entorno, y en el centro de la choza se encuentra la base de un poste para dar soporte al cerramiento vegetal. Sus dimensiones son de 4 a 8 m. de diámetro exterior. (Fernández Maroto, D. 2016).
Desde el año 1500, la Mesta Real celebraba al menos dos asambleas al año, una en el sur de la península entre enero y febrero, y la otra en el norte entre septiembre y octubre. En estas reuniones se trataban y resolvían asuntos de organización, y se elegían los cargos directivos, como el presidente, cuatro alcaldes de cuadrilla que le ayudaban y los alcaldes mayores. Otros cargos principales eran sus jueces, encargados de juzgar y multar a quienes no cumplieran la normativa. (Sobre la organización de la Mesta y la trashumancia, ver Hernández García, F. I., marzo, junio y noviembre, 1996).
Grabado por el reverendo William Bradford, y el grabador I. Clark. London: Published by J. Booth, Duke Street, Portland Place, June 5, 1809.
En Castilla, por medio de los acuerdos con los Reyes Católicos, los rebaños ovinos se vieron muy favorecidos, consiguiendo que se aumentara notablemente el número de ellos, llegando el de las ovejas de la Mesta a 3.000.000 y el de sus mastines a unos 15.000. La Mesta alcanzó su máximo esplendor entonces en el año 1492, aunque los campesinos ya consideraban excesivos sus privilegios. Fue entonces cuando se hizo popular el refrán “Tres Santas y un Honrado tienen al pueblo agobiado”. Las santas eran la Santa Inquisición, la Santa Cruzada y la Santa Hermandad, y el cuarto el Honrado Concejo de la Mesta (Pérez y Pérez, F. 1992).
La Mesta alcanzó un gran poder por dichos privilegios y porque la lana era el producto castellano más importante de exportación hacia Europa (aunque el auge de su producción se logró a costa de perjudicar la agricultura en muchos casos). Y como desde la Edad Media se le habían concedido a la Mesta aún más privilegios reales. Todo ello provocó pleitos con agricultores y con ganaderos locales, algunos de ellos de larga duración.
Más tarde, la Mesta fue perdiendo poder, decayendo a lo largo de los siglos, hasta que desapareció en 1836 al abolirse sus privilegios por considerar que sus derechos no eran legalmente aplicables (ver Garcia Sanz, Ángel, 1978 y 1984).
Disidentes y otros intereses
Según Sánchez Moltó, V. M., (2006), los privilegios concedidos a la Mesta tuvieron también consecuencias negativas:
“La constitución del denominado Honrado Concejo de la Mesta en 1273, mediante la iniciativa de Alfonso X, supuso que el ganado real – y aquel que contara con la autorización correspondiente – podía pastar en todo el reino, quedando exento de los impuestos de tránsito. Pero los privilegios reales no siempre aseguraron la protección del ganado, ya que en su trashumancia atravesaban tierras concejiles o de señorío eclesiástico y nobiliario, oponiendo a veces estos una fuerte resistencia al paso y al disfrute gratuito de los pastos”.
Por la oposición de intereses a la Mesta Real, después de su establecimiento se fundaron y se mantuvieron durante largo tiempo otras organizaciones, de carácter local, creadas para proteger y coordinar las actividades ganaderas y los intereses de algunos propietarios. Estas organizaciones han sido llamadas por los investigadores mestas locales, municipales o concejiles, que sobre todo aparecieron en lugares alejados del origen de los ganados a donde podía llegar la trashumancia y a donde finalmente llegó. Por ejemplo, a Extremadura y a Andalucía, donde existieron la mayoría de ellas.
Los intereses de estas organizaciones estaban en competencia y hasta en oposición a la Mesta Real. Algunas se mantuvieron hasta la intervención que antes vimos de los Reyes Católicos, y otras, hasta siglos después (ver Carmona Ruiz, M. A., 2006). Y es que, hasta el fin de la Reconquista, el sur de la península y más aún Andalucía (en la amplia y variable zona fronteriza con el Reino Nazarí de Granada), no fue lugar seguro como destino trashumante para la Mesta Real debido a las frecuentes razias, cabalgadas, rebatos y algazúas (4) de los guerreros árabes (ver Carmona Ruiz, M. A., 2006).
Se desconoce la fecha exacta de la primera aparición de estas mestas locales. Posiblemente fuera en la segunda mitad del siglo XIII o a principios del XIV en Andalucía, y quizás por analogía u oposición con las reuniones de la Mesta en La Mancha. De estas la más antigua conocida es la de Alcaraz de 1266. Las primeras referencias que se conservan son de tiempos de Alfonso XI, y son de las mestas andaluzas de Baeza y Sevilla, aunque en su mayoría las menciones son de finales del siglo XV y principios del XVI. (Carmona Ruiz, M. A., 2006)
Como ejemplo de lo que ocurría valgan los pleitos de la Mesta contra el Marqués de Denia por el cobro de derechos de paso por sus territorios de la Villa de Lerma. El primer pleito lo fallaron los tribunales garantizando los derechos de la Mesta. El Marqués de Denia cobraba una cordera (a la ida y a la vuelta) por pasar por dicha villa de Lerma, y un carnero de cada hato. Perdió el marqués ese primer pleito y más tarde cambió su pretendida tasa a 40 reales por cada paso, entonces la Mesta lo volvió a denunciar, ganando también este segundo pleito.
La documentación de la Mesta
Desde su desaparición, en 1836, el archivo del Honrado Concejo de la Mesta pasó a la Asociación General de Ganaderos. Después de la Guerra Civil fue custodiado por el Sindicato Nacional de Ganadería. En 1977, para su conservación y custodia, fueron entregados en depósito, tanto el Archivo del Honrado Concejo de la Mesta como el de la Asociación de Ganaderos, al Archivo Histórico Nacional.
Posteriormente, el Archivo Histórico Nacional fue adquiriendo progresivamente la propiedad de este fondo. Las dos primeras partes del Archivo de la Mesta se compraron en 1994, la tercera al año siguiente, la cuarta en 1996, hasta completar los 1443 legajos que forman el fondo de la Mesta – incluidos el archivo de la Mesta y el de la Asociación General de Ganaderos – entre los años 2003 y 2005.
Breve conclusión
La Mesta Real, la mayor y más longeva organización ganadera que ha existido, alcanzó su mayor poder y difusión durante el reinado de Isabel la Católica. Otro de los grandes logros de este reinado fue el gran impulso económico que supuso para los ganaderos castellanos, para el país y para la monarquía la venta de la lana en España y en Europa. Logro potenciado por el auge que alcanzaron los rebaños de la Mesta Real, vigilados y custodiados por sus pastores y por sus mastines.
A propósito recordemos el simbólico y popular paso de los rebaños trashumantes con sus pastores y mastines por la Puerta de Alcalá en Madrid o por las calles de Manzanares.
Dado nuestro interés por lo canino, lo más importante en ese aspecto es que estos mismos perros que estuvieron con éxito al cuidado del ganado ovino y caprino, están aún unidos, junto con los careas, al ganado en general y, sobre todo, al de las ovejas.
Nos despedimos por ahora de los amables lectores hasta que, próximamente, tratemos de otros personajes de la realeza hispana y de los perros que les acompañaron.
FIN
NOTAS:
- Tuve ocasión de estar en la Exposición Monográfica Nacional del Mastín Español que tuvo lugar en Zafra el 7 de junio de 1992. Juzgaba Nicasio Deocón a quien vi en el ring con Amadeo Alejandre. Recuerdo bien el porte y actitud del mastín ganador, Cholo, criado por Honorio González y propiedad de Domitilo Alonso. El perro, me dice Félix García, a quien entonces yo no conocía, que lo presentaba él, y es él también quien me ha recordado los datos de la fecha, el nombre del perro y qué hacían cada uno de los que estaban en el ring. El recinto de la exposición era una nave con varias entradas y bastante asistencia de público, y lo que me quedó muy grabado en la memoria es que Cholo advertía con calma y seguridad todos los movimientos, ruidos y entradas y salidas de perros y personas a la nave. Esta actitud segura, vigilante y tranquila avivó mi interés por la raza. No tardamos en mi casa en adquirir una mastina en una granja de pastores al bajar de los Picos de Europa, la llamamos Tina y fue la muy eficaz guardesa de nuestras perreras durante largos años.
- Félix Garcia es desde hace muchos años el secretario y más firme puntal de la Sociedad Canina Leonesa, y también Pastor Mayor de los Montes de Luna desde 2019. Su amistad, y el saber que este es su tema favorito, han sido parte importante de los motivos que me han inspirado a realizar este trabajo. Es Félix quien me ha facilitado la foto del mastín con ovejas y cabras, y hace años me pasó la de los pastores de los llanos de León.
- En el Diccionario de la R.A.E. Mestenco: Que no tiene señor o amo conocido.
- Rebato: Acometimiento repentino que se hace al enemigo; Algazúa: breve incursión militar punitiva o de saqueo.
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