Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.
Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.

Los perros y otros símbolos animales en la emblemática de la época  Simbolismo y mensajes en los emblemas reales, y en las joyas de la reina.

  Antonio Magín Fernández Domínguez

Febrero de 2004

En la Edad Media se usó, constantemente, el simbolismo animal; bien como mensaje moral o como señal profética. A través de imágenes de animales, se establecían relaciones con el ámbito religioso y con el ámbito político. (Nogales y Rincón, D, 2010, pp. 267-296, p. 269; Salisbury, Joyce E. 2022, pp. 99-129)(Beullens, P. 2007, pp. 127-151, pp. 131-135) .

La representación de los personajes regios por algunos animales la vemos principalmente desde los siglos XII y XIII, alcanzando un nivel muy alto a finales de la Edad Media. (Nogales Rincón, D, 2017, pp. 253-290, p. 265).

Aquí en España hallamos muchas referencias a animales en el Cancionero de Baena, que reflejan la influencia de los bestiarios en la poesía del siglo XV (Montero Curiel, P. y Montero Curiel, M. L., 2005, p. 19). Y, durante el periodo bajomedieval, en la Corona de Aragón hubo propietarios que tuvieron estrechos vínculos con sus mascotas (Sabaté, Flocel.  2018).

En la literatura de la época de los Reyes Católicos aparecen muchas fábulas sobre animales (Morales Muñiz, D. C, 2012, pp. 207-230, p. 211), con las que, incluso, se ejercía crítica y sátira política sobre algunos grupos sociales, a los que se les daba una identidad animal según fueran sus comportamientos y costumbres. Así, vemos animales de rapiña representando a prelados, regidores, oficiales de justicia y caballeros, actuando contra el pueblo y contra otros personajes menores. Todos ellos comparecían en España ante la leona y el águila, animales que representaban a los Reyes Católicos en heráldica.

Las profecías, los prodigios y las señales que se van encontrando sobre los personajes representados en la fauna antedicha explican o aluden a algunos de los hechos más importantes de esa época, como la caída de Enrique IV o la victoria de los Reyes Católicos.

El león vemos que es el animal de mayor significado en el mundo medieval —con una valoración, una imagen y una simbología muy positivas— tanto para cristianos como para musulmanes. Era el animal heráldico por excelencia, el más representado en muchos escudos nobiliarios y en los de las casas reales europeas. Esto ocurría desde Castilla hasta Inglaterra, incluida la dinastía árabe Omeya de Córdoba. 

Los perros y otros símbolos animales que usaron la nobleza y los religiosos

Siguiendo a los reyes, la nobleza comenzó a hacerse representar, especialmente en la heráldica, a veces por leones y águilas, aunque también los delfines y los halcones fueron frecuentes, pero fueron los perros y los caballos los símbolos más comunes adoptados finalmente.

En general, se usaban el tamaño y la raza de los perros para representar a los diferentes grupos sociales, y para oponerlos a otros animales.

En cuanto a los religiosos, los dominicos se hicieron llamar perros pastores de la Iglesia, adoptando como emblema un perro con una tea en la boca. 

El franciscano Fray Iñigo de Mendoza, en su Cancionero, recurre a los perros en representación de la protección de los reyes a sus vasallos. Así, los fieros alanos representan a los reyes y a los nobles que protegen a sus cachorros; los súbditos, de los lobos que atacan a la gente del pueblo como si estos fueran corderos o bueyes. 

El noble y fiel perro termina, a veces, acompañando a sus amos en el sepulcro, donde aparece representado a los pies de su señor o señora.

En la iconografía de esa época también son muy frecuentes los pequeños perritos falderos, preferidos ya entonces de las damas.

Foto 1. Carlos de Viana Museo del Prado

Pie de foto: «Don Carlos de Viana (1421-1461) infante de Aragón y de Navarra, y príncipe de Viana y de Gerona, y finalmente (1441-1461) rey de jure de Navarra. Lienzo del entonces joven malagueño Moreno Carbonero que, a los veintiún años, supuso el inicio de su merecida fama tras ser premiado con una primera medalla.»

En este mundo caballeresco, la familia de los Evreux, reyes de Navarra, usó un lebrel blanco en su divisa, al menos, desde Carlos II. Una orden de caballería llamada Orden del Lebrel Blanco, cuyo lema fue Bonne foy (Buena fe) fue fundada por Carlos III de Navarra en 1391. Este lebrel continuó siendo la divisa de la familia y de sus personajes más notorios, como Blanca de Navarra, y el culto Príncipe de Viana con quien se extinguió la dicha familia a su fallecimiento en 1461.

Animales que ensalzaban el poder

En el siglo XV, los reyes tenían en sus alcázares diversos animales vivos que, en ocasiones, eran empleados tanto en ceremonias, en las entradas a ciudades, como en celebraciones de triunfos. Estos animales proyectaban imagen de poder y fortaleza.

Los reyes de Aragón disponían en Valencia de seis leones y dos leonas. (Ballesteros Gaibrois, M. 1943, apéndice, n° 10, n° 28 y n° 34; y mismo autor, Los leones del Rey Católico, 1943, correo erudito III).

En Valencia, en 1479, sabemos que Fernando el Católico entró acompañado de dos animales, uno llamado unicornio, “honicorni”, el otro un tigre (Carreres Zacarés, S. 1935, p. 670; Cronicón de Valladolid, pp. 143-144; Carrasco Manchado, p. 404). El llamado unicornio se piensa que pudo ser un elefante, el mismo que, el año siguiente, llevó el rey a Toledo para su entrada triunfal en la ciudad, junto con el mismo tigre. 

Otras representaciones animales

En la Edad Media vemos a los animales en la magia y en las supersticiones, aunque, además en la medicina ya que se creía que algunos tenían poderes curativos que protegían la salud, la mente y el espíritu, facultades que, en ocasiones, venían dictados por su propia simbología. 

También se comían, se aplicaban al cuerpo con la pretensión de sanarlo, o se llevaban en algunas piezas ornamentales como amuletos protectores de la salud física, de la mental y de la espiritual. (Morales Muñiz, M. D. C. 1991; misma autora, 1998, pp. 307-329, p. 320).

Las joyas y la cosmética de la reina. Simbolismo, amuletos y magia.

En lo que respecta a las joyas de Isabel La Católica no se ha conservado ninguna, pero aparecen varias en inventarios y cuentas reales, y, por ello, ahora sabemos acerca de los motivos animales que las decoraron, y que formaban parte de un lenguaje no verbal dirigido a quienes les observaban. (Nogales Rincón, D., 2017, pp. 254)

Entre los dijes y amuletos de origen animal de Isabel la Católica sabemos de un colmillo de zorro con dos engastes, un coral grueso adornado con oro y esmaltes en bermellón, blanco y verde, y un pedazo de unicornio (olicornio) atado a una ollita de oro con una cinta negra. (Mármol Marín, D. M. del M., 2001)

También, después de su muerte, se inventariaron en sus posesiones varias piezas de coral . Entonces se pensaba que el coral ahuyentaba los malos espíritus y protegía contra el mal de ojo. (Torre y del Cerro, A. de la, y Alsina, E.,1974). 

El hecho de que aparezcan partes de sus collares en los testamentos de Isabel la Católica indica que había piezas de sus joyas que se montaban y desmontaban para realizar otros diseños (Arbeteta Mira, L. 2004, pp. 69-276, pp. 172-173; Angulo Íñiguez, D., 1951, p. 18), como el joyel de la sirena, el joyel del cepillo, el joyel del yunque, el joyel «que es una hoja sola de berza», el joyel de la onza; el «joyel que se dice de la corona», el «joyel del camello de león» y la granada de oro que le había regalado el rey. (Arbeteta Mira, L. 2004, p. 178; Mármol Marín, M. del M. 2001, p. 217).

Foto 2: Narval nadando y colmillo (cuerno)

Pie de foto: Imagen de un narval, propio del norte del Atlántico. Su larguísimo colmillo (cuerno) se utilizaba como antídoto y como afrodisíaco. 

El unicornio citado fue un regalo de su esposo Fernando que ella conservó hasta su muerte. Era considerado símbolo de pureza y virginidad, y también «figura de nuestro Salvador» (Malaxecheverría, I., 1986, pp. 194-195; Stein, C., 2021, pp. 212-241, pp. 215-126; Gallardo Luque, A., 2019, pp. 74, 79 y 90). Si se sumergía el unicornio en aguas contaminadas, se creía que las purificaba. 

Este apéndice a modo de cuerno (muy posiblemente el colmillo del narval (Monodon monoceros), que habita las aguas del Atlántico norte) era utilizado como antídoto y, también como afrodisíaco, dada la fortaleza y vigor que se pensaba tenía el animal del que provenía. (Malaxecheverría, I, 1986, pp. 194-195; Stein, C, 2021, pp. 212-241, pp. 215-226; Gallardo Luque, A., 2019, pp. 74, 79 y 90). Dichas creencias afectaron también a la cosmética y, entre las pertenencias de la reina, se encontró un botecito “lleno de sangre de dragón” atado con una trenza de oro y seda. Se trataba de una substancia roja con uso medicinal, citada antes por los clásicos sin que ninguno precisara nunca de qué se trataba. 

Foto 3. Drago de las Islas Canarias.

Pie de foto: Foto de un drago, planta de porte arbóreo propia de las Islas Canarias y de Madeira.

Era una resina roja que se extraía del drago. Además, se creía que el fruto de dicho árbol tenía en el interior una semilla que parecía un dragón. En aquella época, los castellanos traían esta substancia de Madeira y de Canarias. 

Hemos seguido lo expuesto por la profesora Ana María Cabo-González al respecto de la sangre de drago a finales de la Edad Media. Hay varias publicaciones de ella y de otros autores (Cabo-González, A. M., 3, (1995), pp. 231-240; Cabo-González, A. M. y Bustamante Costa, J. (2000-2001), pp. 325-351; Tejera Gaspar, A. y Aznar Vallejo, E., (1985-1986), pp. 169-186, pp. 22 y 26; Aznar Vallejo, E., (1986), pp. 195-218, pp. 197 y 215; Bello León, J. M. y Aznar Vallejo, E., (1993), pp. 203-236, p. 225).

Joyas de carácter religioso 

La reina Isabel tuvo muchas joyas de carácter religioso y devocional; entre ellas, algunas representaban a algún animal. De estas había un Agnus Dei (Morales Muñiz, M.D.C.  (1998) p.246; Montero Curiel, P. y Montero Curiel, M. L.  (2005), p. 92.): 

De oro redondo que tiene en un lado a Nuestra Señora con su hijo en brazos, y la ofrenda de los Reyes, y en el otro lado a San Juan bautizando a Nuestro Señor, y que tiene un asa redonda y un tornillo ambos de oro, y están esmaltadas unas estrías de rosa claro y de azul y de verde, que pesó dos ochavos y dos tomines de marco, y que la confección se tasó en dos mil maravedíes, y es de oro de ley de veintiún quilates […] se le vendió a doña Ysabel Fabra por 783 maravedíes, sin la hechura” (Torre y del Cerro, de la,  A. y Alsina, E. 1974, pp. 70-71). 

Se cita esta pieza en las cuentas de Sancho de Paredes en julio de 1502 (Archivo de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, Libro Segundo: 1498-1504, fol. 210r).

Además, hay “un toro de coral guarnecido de oro con una diadema y unas alas de oro esmaltado de rosicler. Este toro alado (Torre y del Cerro y Alsina, Testamentaría, documentos, p. 267), representaría quizá el símbolo de San Lucas. No encontramos inventariadas otras Joyas que puedan relacionarse con tetramorfos. Quizá representase el toro alado al “contrato matrimonial” de Isabel y Fernando, que tuvo lugar en Valladolid, en la casa de Juan de Vivero, el 18 de octubre de 1469, festividad de San Lucas. (Azcona, T. de, 2014, p. 120; Suárez, L. 2012, p. 65). Y pudiera está joya ser un recordatorio de dicho hecho en dicha fecha. 

Aunque, con motivo del nacimiento de Juan II de Castilla (1405-1454), en el Cancionero de Baena se menciona dos veces un gran toro, con una leona en el lomo que representa a su madre, la reina Catalina de Lancaster (1373-1418). (Montero Curiel y Montero Curiel, 2005, p. 174).

Isabel, del León al Águila

Heráldicamente, leones y águilas representaron a los Reyes Católicos; una leona a Isabel y un águila a Fernando. (del Pulgar, Fernando. 1780). Al ser simbolizados en sus armas mediante estos animales, se les atribuían ciertas virtudes descritas en los Bestiarios de la época. 

Cuando Fernando se casó con Isabel, el águila era ya el símbolo de su reino de Sicilia, y más tarde sería también el del Imperio español, pues con el tiempo, el águila, sustituiría incluso al león que representaba a Isabel. 

Esto ocurrió porque la liberalidad representada por el águila, y otras virtudes, fueron expuestas en un sermón de Hernando de Talavera. Sermón que convenció a la reina. 

Talavera era el confesor de los Reyes Católicos y, entonces, prior de Santa María Del Prado. Dicho sermón, de gran repercusión, fue pronunciado el primer domingo de Adviento. Provocó que ni la reina Isabel pidiese que se lo dieran por escrito, cosa que hizo el prelado adaptándolo a la persona real que lo pedía.

Como alegoría moral, reina y águila se identificaban en el sermón. Talavera recalcaba que las aves representaban a los religiosos y gobernantes, en tanto que otros animales tenidos por menos nobles representaban a los seglares y a otra gente común. Así como la imagen del águila – por cierto, vinculada a san Juan Evangelista – alcanzó en este país una creciente popularidad. 

Se trataba de un águila con las alas abiertas que sostenía al escudo de armas de Isabel y Fernando, y que procedía de la divisa que usaba Isabel en la época en la que ella luchaba por conseguir ser reconocida como heredera de su padre Juan II.

Del sermón se desprendía el siguiente código ético: la reina debe ser liberal, tanto en la paz como en la guerra, es decir, debe ser dispensadora de mercedes y no apropiarse de los bienes de sus súbditos; debe conformarse en todo con la voluntad divina ; debe practicar la castidad y el amor ; debe ejercer la justicia siempre guiada por Dios ; no debe permanecer ociosa ; debe imitar los más excelsos modelos religiosos; debe llenarse con el amor de Dios, de su propia salvación y de la de su prójimo ; debe corregir a sus súbditos con rigor; y, por último, debe renovar su alma procurando la perfección. (Ver Carrasco Machado, A. I., 2002, pp. 399-419). 

De las fuentes empleadas en el discurso del sermón, Hernando de Talavera cita expresamente a Isidoro de Sevilla, pero también se pueden entrever Plinio, Brunetto Latini y Bartolomé el Inglés.

La Corona de las Águilas

Hay una joya muy bien descrita entre las que pertenecieron a la reina Isabel, se trata de una corona llamada Corona rica o de las águilas, que fue una de las mayores que usó. Se le encargó a Juan de Cárdenas, gobernador de Sicilia al final de 1474. Se piensa que la reina con esta corona quiso reforzar su posición ante sus antagonistas, es decir, los nobles que apoyaban a Juana la Beltraneja y a Alfonso V de Portugal. (Domínguez Casas, R. 2007, vol. I, pp. 335-359, pp. 342-343) La corona era de oro macizo, obra del platero valenciano García Gómez que la hizo siguiendo el diseño de las de la familia de los Hohenstaufen —también llamados Staufen y gibelinos—, y la entregó a la reina el 15 de enero de 1477 en Ocaña. Las águilas tenían un carácter heráldico, y, además, indicaban que la corona era un símbolo del vínculo de la reina con Aragón, a través del reino de Sicilia. Al mismo tiempo, recordaban a Fernando III y a su hijo Alfonso X, conquistadores de Sevilla y Murcia. También Beatriz de Suabia (Nuremberg, 1203 – Toro 1235), reina consorte de Castilla y León por su matrimonio con Fernando III de Castilla, tuvo otra corona con águilas, de las de los Hohenstaufen o Staufen; una familia ducal, real e incluso imperial, original de Suabia, región que se ubicaba en la Alemania actual. (Arbeteta Mira, L. 2004, pp. 175 y 180; Martínez, M. 2006, pp. 343-380, pp. 350-351).

La corona de Isabel, de la que hablamos, fue luego enriquecida por el mismo platero con ocho diamantes, ocho rubíes, dieciséis perlas gruesas y cuarenta y ocho perlas medianas procedentes de otras joyas de la cámara de la reina. 

El escudo de los Reyes Católicos en el Libro de Horas de Isabel

El escudo de los reyes católicos, representado en el Breviario de Isabel (hoy en el Museo Británico), nos da pruebas de lo que creía Isabel que mejor la representaba en la época en que fue pintado. 

Foto 4: Escudos en el libro de hora de la reina. (descrito debajo)

Pie de foto.  Fotografía del escudo de los Reyes Católicos en el libro de horas de Isabel, y de los dos escudos de los matrimonios de sus hijos Juan de Aragón y su hija Juana I de Castilla, apodada La Loca.

Esta imagen es del Breviario de la reina Isabel I, del folio 436v, con el escudo de los Reyes Católicos y los escudos de los componentes de los matrimonios, uno de su hijo Juan de Aragón casado con Margarita de Austria, y otro el de su hija Juana I de Castilla “La Loca”, casada con Felipe “El Hermoso”.  Los consortes de ambos eran hijos del emperador Maximiliano de Austria y la duquesa María de Borgoña. 

En esencia, se suele llamar al breviario Libro de Horas de la reina Isabel de Castilla. Es un manuscrito iluminado de finales del siglo XV que, actualmente, se conserva en la Biblioteca Británica de Londres. La reina lo recibió poco antes de 1497 de manos de su, entonces, embajador en Flandes Francisco de Rojas, quien lo mandó hacer para conmemorar el doble matrimonio de los hijos de los Reyes Católicos con los del emperador Maximiliano de Austria y la duquesa María de Borgoña. En total tiene 523 hojas y 170 miniaturas, y se considera uno de los breviarios más ornamentados que se conservan. 

Está compuesto por los escudos de los reinos de los dos monarcas y los de sus hijos. Sobre fondo azul, enmarcado por un marco liso, se encuentra el águila de San Juan en oro, cuya cabeza está flanqueada por dos filacterias, en las que se lee, a la izquierda svb vmbra/alarvm/tvarum (bajo la sombra de tus alas) y a la derecha protege/nos. El águila sostiene en sus garras el escudo de los monarcas rematado por una corona. El primer y cuarto cuarteles del escudo están ocupados por los castillos y los leones, que representan para Isabel a Castilla y León. En los segundo y tercer cuarteles aparecen las armas de Aragón mezcladas con las de Sicilia para Fernando. En el vértice inferior, la insignia de la granada por el reino de Granada. Debajo hay otros dos escudos de los hijos de los Reyes Católicos, el de Juan y el de Ana y sus cónyuges.

CONCLUSIÓN 

Por las joyas de la reina podemos percibir algunas de sus supersticiones y preferencias y de cómo la representación heráldica influyó en su diseño. Vemos en ellas diversos animales, leones, leopardos, onzas y águilas entre otros. Muchos de ellos con un evidente mensaje político, o en recuerdo de sus antecesores más notables y representativos de los que emanaba su poder real y que la legitimaban, entre ellos estaban su abuela Catalina de Lancaster, y su padre Juan II de Castilla.

No todas las representaciones de animales tendrían un mensaje intencional, podrían solo ser piezas ornamentales, pero no dejarían de poseer una carga simbólica, por formar parte de su vestuario ceremonial y por su suntuosidad.  

Los animales que hemos visto en representaciones heráldicas, tanto en banderas y escudos, tenían un gran valor al representar la legitimidad y el carácter regio de la reina, como también sus virtudes, e indicar otras cualidades y factores que la caracterizaban y representaban su autoridad.  

BIBLIOGRAFÍA